
El fotógrafo estadounidense Spencer Tunick, famoso por sus montajes con multitudes desnudas, realizó el pasado sábado una nueva instantánea masiva en el marco del festival Intramurs de Valencia. Una serie de imágenes para las que posaron más de 3.000 personas sin ropa y pintadas de naranja y que constituyó un nuevo hito en la carrera del artista, que ya había efectuado creaciones similares en Santiago de Chile, Barcelona, Nueva York, Sidney o Londres.
Una ocasión histórica en la que Maquinza también estuvo presente. La empresa cedió al fotógrafo dos de sus plataformas elevadoras diésel de tijera para que pudiese realizar la instantánea con la que inmortalizó a los voluntarios que se prestaron a colaborar en la cita. Una máquina idónea para este tipo de funciones gracias a su robustez y a su amplio espacio de trabajo y que es capaz de adaptarse a todo tipo de terrenos permitiendo al usuario alzarse por encima de los 12 metros sobre el suelo. Teniendo en cuenta además otros factores como su alcance o su capacidad de carga, se trata de una herramienta muy útil también para multitud de labores pertenecientes a los campos de la construcción, la obra pública, la agricultura y la industria; los sectores a los que Maquinza dedica su actividad.
A principios de los años noventa, Tunick comenzó a dedicarse a este tipo de arte, en la que muestra a multitudes desarropadas y situadas en localizaciones públicas, conformando así unas composiciones que generan tensión en el espectador. Su estilo abrió ya desde entonces el debate sobre la dicotomía entre lo público y lo privado, lo prohibido y lo tolerado, lo inmoral y lo moral, lo personal y lo colectivo. Por otra parte, su labor trasciende el simple hecho de tomar una fotografía, pues su verdadera tarea como artista pretende llegar a lo épico, al lograr reunir a miles de individuos que se desnudan desde el amanecer, pintándose la piel unos a otros y poniéndose al servicio de Spencer como una gran masa humana y anónima.
Unas creaciones que también contienen fuertes dosis de crítica social y política y que destilan un potente sentimiento de humanidad, al unirse los cuerpos desnudos y despojados de identidad en total hermanamiento. La multitud se convierte así por unas horas en el alma de la ciudad, pues es precisamente la metrópolis el auténtico personaje protagonista de la composición.
Las instantáneas constituyeron el acto estrella del festival Intramurs, que comenzó en el mes de octubre y que, como cada año, convirtió a Valencia en la capital del arte urbano a través de numerosas e interesantes propuestas que dinamizaron sus calles como exposiciones, performances, intervenciones, talleres, recitales o conciertos.
